En Colombia siempre ha
habido guerra. Desde el mismo momento en que Bolívar y Santander intercambiaron
insultos, Colombia ha estado en guerra. Así que el problema no es un asunto de motivos sino un asunto de sentimientos; el
colombiano es demasiado sectario para aceptar la existencia del contrincante político.
Puede que ahora se está terminando "una guerra", pero ya se sienten
en el aire los primeros vientos de la "otra". Se trata pues de que el
colombiano aprenda a aceptar al colombiano como su parte y compañero. Mientras
eso no suceda, Colombia será el país de las "mil guerras".
Comentario en respuesta a la revista SEMANA, artículo
publicado como una explicación de la guerra en Colombia y que en mi opinión no
llega al meollo del asunto. La grave intolerancia (el sectarismo) que afecta al
colombiano en general y que se ha constituido en la incapacidad de este en
hallar soluciones pacificas y concertadas a las diferencias.
